Empanadillas de carne al horno con aromas hindúes

Las empanadillas son un clásico en las cenas de Navidad de mi casa, nunca faltan porque les gustan a todos, sobre todos a los más pequeños.

Hasta el año pasado las hacía siempre de atún, pero en esa ocasión se me ocurrió preparar otra variante un poco más adulta, sin dejar de hacer las de atún porque si no mis sobrinos se me enfadan.

Ya saben lo que me pirran las especias, así que la idea iba por ahí. Un relleno con ternera y muchas especias, con un toque picante para los que le gustan y sin picante para el resto. Por lo que con una base bien sencilla, empecé a añadir especias. En principio con moderación y después corrigiendo y añadiendo más de algunas hasta conseguir el sabor buscado.
Como comprenderán, en ese momento, día de Nochebuena, con todo lo que había que hacer, porque esto era sólo una pequeña parte de la cena, no tomé nota, pero sabía que me acordaría.

Cual fue mi sorpresa cuando veo que después de probar las de ternera, las de atún pasaron a un segundo plano, que conste que se las comieron todas, pero después que se acabaran las de ternera.

Tanto gustaron que unas semanas después mi hermana me pidió la receta para hacerlas para una cena con amigos y de memoria se la dije, sabía yo que no me iba a olvidar tan fácilmente.

Después de aquella noche, las he hecho varias veces y siempre triunfan. Así que era momento de que quedaran en el blog, para que puedan hacerla cuando quieran.
Estas empanadillas son una auténtica golosina, no te conformarás con una, ni con dos, ni con seis.

Sobra decir que estas empanadillas son ideales en cualquier momento del año, pero es una buena propuesta para sorprender a tus comensales en fechas señaladas, como las Navidades que tenemos a las puertas.

Recomiendo hacer el relleno el día anterior, porque tiene que hacerse a fuego lento y reducir bastante, además para rellenar es más cómodo que el relleno esté frío. Por lo que como decía, es una propuesta interesante cuando el día señalado tienes otras muchas cosas que hacer; teniendo el relleno hecho, ese día sólo hay que rellenar las empanadillas y llevarlas al horno o freírlas, cómo más les gusten.

En cuanto a las especias, si no pueden encontrarlas todas, no dejen de hacerlas. Añadan las que tengan y vayan probando hasta que obtengan el sabor deseado.
¡¡Vamos con ellas!!

Ingredientes:
  • 500 gr de carne de ternera molida
  • 1 cebolla grande
  • 2 0 3 dientes de ajo grandes
  • 1 cucharada de postre de jengibre fresco rallado
  • 1 guindilla (opcional)
  • Sal y pimienta
  • Aceite
  • 1 cucharada de postre de garam masala (si no lo consiguen no pasa nada)
  • 1 cucharadita de postre de cilantro en polvo
  • 1 cucharadita de postre de cardamomo en polvo
  • 1 cucharadita de postre de cúrcuma en polvo
  • 1/2 cucharadita de postre de comino en polvo
  • 1 pizca de clavo en polvo
  • 1 cucharadita de pimentón dulce 
  • 250 gr de tomate natural pelado y troceado (o una lata de tomate troceado)
  • Masas de empanadilla (Si son grandes, unas 24. Si son pequeñas salen casi el doble) 
Cortamos la cebolla bien pequeña. Trituramos el ajo. Rallamos el jengibre fresco hasta obtener 1 cucharada. Cortamos la guindilla a lo largo, retiramos las semillas y troceamos.

Como truco les recomiendo que cuando compren el jengibre fresco, lo pelen, lo laven y lo sequen bien, luego se trocea en tacos de unos cinco centímetros, ponemos en una bolsa y congelamos. Cuando lo necesiten sólo tienen que sacar una porción y rallarla, congelado se ralla mil veces mejor.

Ponemos una sartén a fuego medio (4 de 9), añadimos aceite suficiente como para pochar la cebolla. Agregamos la cebolla, el ajo, el jengibre y la guindilla. Dejamos que se vaya pochando hasta que la cebolla empiece a tomar un ligero color dorado. Añadimos las especias y removemos unos segundos para tostarlas.

Salpimentamos la carne y la agregamos a la sartén, a fuego alto vamos removiendo para que se selle hasta que pierda el color rojo, a la vez que la aplastamos para deshacer los grumos que se vayan formando.
Agregamos el tomate troceado, un poco de sal y removemos unos minutos a fuego alto, luego bajamos el fuego (3 de 9) y dejamos que se vaya haciendo lentamente, removiendo de vez en cuando, chafando los tomates y la carne, para que quede bien meloso.

Probamos y rectificamos de sal si es necesario. Una vez haya reducido la salsa dejamos enfriar.

Encendemos el horno. Calor arriba y abajo, a 200º. Ponemos una hoja de papel de hornear en la bandeja del horno.
Disponemos todas las masas en la encimera, conservando debajo el papel que traen. Ponemos un poco de agua en un bol, mojamos el dedo en el agua y repasamos todo el contorno de la masa, una por una.

Colocamos en el centro una cucharadita de postre de relleno, formando una línea con un poco de altura. Doblamos la masa haciendo coincidir los bordes. Volvemos a mojar todo el arco y con un tenedor presionamos para sellarlas.
Pasamos todas las empanadillas a la bandeja del horno. Colocamos la bandeja en la parte central del horno y horneamos hasta que tomen un color dorado, según el tamaño tardarán unos 20-25 minutos. Si quieren darle más color, colocar la bandeja en la parte superior del horno durante unos minutos.

Pasar a una fuente y listas para degustarlas.

Son una auténtica delicia, cada bocado es una explosión de sabor, con esos aromas hindúes que me apasionan.

¡¡A disfrutarlas!!

Huevos al plato con chorizo

Este es otro de los platos que mi hija echa mucho de menos desde que vive fuera, no cualquiera, los que les prepara su mami, con la salsa de tomate casera que le encanta y que pueden ver en la entrada anterior o seguir el enlace que les dejo más abajo.

Es nombrarle los "huevos al plato" y oír un "ainsss, cuando vengas me los preparas" con ese tono de mimo que te hace flaquear y te pone tan ñoña que le prometes que se los harás si o si y no será porque sean difíciles de hacer, sino que le gusta cómo me quedan a mi.

Y es que hay platos, que por mucho cariño que le pongas, por más que sigas los pasos, nunca saldrán igual. Me pasa a mi con muchos platos de mi madre, no me salen exactamente como a ella, no hay manera, como siempre digo, la mano es la mano.

Así y todo, aunque le gusten más los míos, por gustar tanto en casa y para que pueda prepararlos cuando quiera, este plato no podía faltar en el blog.
Es un plato muy sencillo y rápido, sobre todo si tienes la salsa de tomate ya preparada. Pueden variar los acompañamientos, si no les gusta el chorizo y tienen niños pequeños la salchicha es perfecta para ellos, también con jamón quedan de lujo. Pueden añadir guisantes, zanahoria, al gusto de cada comensal. Si además los preparan de manera individual pueden ponerle a cada uno lo que más les gusta.

Casi no hay ni receta, es un montaje muy sencillo.

¡¡Vamos a ello!!

Ingredientes para dos personas:
  • Salsa de tomate (cantidad al gusto)
  • 1 chorizo (cuanto más calidad, mejor sabrá)
  • 2 huevos
  • Orégano fresco y seco
  • Sal
  • Aceite de oliva virgen extra
Pueden hacerlo en una sartén todo junto y luego dividir en el plato o usar cazuelas individuales como los he presentado yo. Si es así, en una cazuela pequeña, ponemos una base de salsa de tomate, cantidad suficiente para que luego se pueda mojar pan.

Cortamos el chorizo en rodajas y lo colocamos por todo el borde de la cazuela. Agregamos en el centro un huevo y espolvoreamos con orégano seco.

Ponemos a fuego medio y cuando veamos que la salsa empieza a burbujear, bajamos el fuego y tapamos.
Dejamos cocer unos minutos, vamos viendo y cuando la clara haya blanqueado y la yema esté aún poco hecha, lo retiramos del fuego.

Acompañamos con unas papas sancochadas (cocidas), que es como lo hacemos siempre en casa o como más les guste. Decorar con orégano fresco y si les apetece añadir un hilo de aceite.

Sólo queda sentarse a la mesa con una cerveza o una copa de vino y por supuesto con pan para no dejar ni una pizca.

¡¡¡A disfrutarlos!!!

Salsa de tomate casera

Mientras pensaba cómo iniciar la entrada, me di cuenta que hace la friolera de 30 años que llevo haciendo esta receta de salsa de tomate.

No es la receta de mi madre, que la hacía completamente diferente. Ésta la adopté de la madre de una amiga, que probé en su casa y como ya por entonces me picaba el gusanillo de la cocina me puse con ella a ver cómo la hacía. Lo único que yo añado es la guindilla, porque me encanta el toque picante.

Es muy sencilla de hacer y cuando la preparo lo hago en cantidades para embotar o congelar. Me saca de más de un apuro, porque con esta receta básica puedo hacer las combinaciones que me apetezcan. Si la uso para pasta, añado albahaca fresca y en un momento tengo un plato de pasta delicioso. En algunos casos añado orégano fresco o seco; en otras ocasiones, si por ejemplo hago albóndigas, añado un poco de vino blanco a la salsa, le doy un hervor y le pongo tomillo. Así, con todas las hierbas o especias que se me puedan ocurrir. Con la misma base obtienes platos con un toque diferente.
Una cosa que siempre recomiendo es no triturar la salsa con una batidora porque blanquea y queda bastante fea de aspecto, mejor usar un pasapuré, de los de toda la vida.
Otra cosa importante es que los tomates sean buenos, cuantos más maduros y carnosos mejor quedará la salsa. Si el tomate es ácido, necesitará un poquito de azúcar para equilibrar, pero no como para que quede dulce.

Podemos guardarla en la nevera si se va a utilizar en los dos días siguientes o congelar para otro momento.

Si optan por congelarla, deben tener en cuenta que tanto los botes como las tapas deben estar previamente esterilizados y bien secos y nunca llenar los botes al completo, la salsa debe quedar unos dos-tres dedos por debajo de la boca del bote, ya que al congelar la salsa se hincha y el cristal puede romperse.

Si prefieren embotarla y guardar en la despensa, les recomiendo que vean este post, es importante seguir una serie de pasos para conservarla en perfecto estado.
¡¡Si más vamos con la receta!!

Ingredientes:
  • 1/2 kg de tomates de salsa maduros
  • 1 cebolla
  • 1 pimiento verde
  • 3 dientes de ajos enteros
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal gruesa
  • 1 cucharadita de azúcar (sólo si los tomates son ácidos)
  • 1 guindilla (opcional)
Lavar los tomates, cortar por la mitad y exprimir cada mitad con las manos sobre el fregadero para quitar el exceso de líquido y pepitas. 

Troceamos la cebolla y el pimiento, de manera tosca, ya que luego se triturará. Pelamos los ajos y aplastamos con la trasera del cuchillo. Cortamos la guindilla a lo largo, retiramos las semillas y cortamos en varios trozos.

En un caldero a fuego alto, ponemos el aceite, que cubra el fondo. Añadimos la cebolla y el ajo, removemos para que se dore ligeramente, luego agregamos el pimiento y removemos nuevamente. Cuando haya dorado ligeramente el pimiento agregamos los tomates y la guindilla. Añadimos un poco de sal gruesa y el azúcar para restar la acidez del tomate, no queremos que quede dulce. Removemos todo, bajamos el fuego y tapamos el caldero.
Dejamos que se haga tranquilamente, a fuego lento, durante aproximadamente una hora, de vez en cuando removemos con una cuchara de madera y veremos que poco a poco el líquido se va evaporando, los tomates se han desecho y han tomado consistencia de salsa. Probamos y rectificamos de sal si es necesario, si les gusta bien sabrosa pueden añadir un poco de pimienta negra recién molida.

Cuando esté terminada la pasamos por un pasapuré. Si les gusta más fina pasar por un chino, a mí particularmente me gusta que quede más gruesa.

Ya la tenemos lista para cualquier ocasión. Merece la pena cada minuto que ha estado al fuego. El resultado no puede ser mejor, queda absolutamente deliciosa.

¡¡A disfrutarla!!
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