Pollo al chilindrón con un toque de canela

Desde que probé este plato lo tengo mitificado. Mira que hay formas de preparar el pollo, pero sin duda y en lo que a cocina tradicional española se refiere, es mi preferido.

El toque de canela y cayena le va como anillo al dedo, aunque los puristas se echen las manos a la cabeza.

El olor que inunda la cocina es maravilloso y dan ganas de comer sólo mirándolo.

Yo he usado pimientos asados en casa porque me encantan. Es raro la semana que no los hagamos, es uno de esos productos que prefiero hacer que comprarlos hechos, pero eso no significa que no use enlatados, sobre todo si son de El Bierzo, los mejores que he probado.
Si no tienes ganas de asar pimientos pues los de bote van genial, aunque también puedes optar por poner los pimientos crudos en tiras al principio de la cocción que es como se prepara tradicionalmente.

El caldo y el tomate frito también es casero, siempre tengo en el congelador, pero lo mismo, pueden usar de bote, tenemos a nuestro alcance productos enlatados de muy buena calidad.

En cuanto al pollo, la calidad de la materia prima que utilicemos marcará la diferencia.

Fuente: Mercado Calabajío con pocas variantes

Ingredientes para dos o tres personas:
  • 1 kg de pollo fresco (usé muslos y contramuslos)
  • 1 cebolla bien grande
  • 150 gr de jamón serrano
  • 1 cucharada de pasta de pimiento choricero o la pulpa de 1 pimiento choricero (si no tienen no pasa nada)
  • 1/2 cucharada de pimentón dulce
  • 200 gr de tomate frito
  • 1/4 vaso de vino blanco
  • 325 ml de caldo de pollo (aproximadamente)
  • 3 dientes de ajo
  • 2 pimientos grandes asados y en tiras
  • 1/2 vaso del jugo de asar los pimientos
  • Sal
  • Pimienta
  • Aceite de oliva extravirgen
  • 1 cayena (opcional)
  • 1 cucharadita de canela (opcional)
  • Almendras tostadas y troceadas (opcional y al gusto)
Comenzamos quitando la piel al pollo, a mí me gusta así y de paso reducimos grasa en el plato. Salpimentamos.

Ponemos aceite en una cazuela baja y cuando esté caliente añadimos el pollo, vamos dando vueltas hasta que tomen un color bien doradito. Retiramos a un plato y reservamos.

En la misma cazuela que hemos dorado el pollo, con poca aceite, ponemos la cebolla y el jamón cortados en cuadraditos. Removemos a fuego bajo-medio hasta que la cebolla esté transparente.

Añadimos el pimiento choricero y el pimentón, removemos e integramos con el resto.

Subimos el fuego y añadimos el vino, dejamos hervir para que se evapore el alcohol.
Agregamos el caldo y el jugo de pimiento y una vez rompa a hervir agregamos el pollo, luego el tomate frito y removemos para que se distribuya bien. Si la salsa no cubre el pollo añadir más caldo o agua, en mi caso no hizo falta.

Machacamos o trituramos los dientes de ajo y los echamos al guiso junto con la mitad de las almendras.

No añadiremos sal ya que el jamón, el pollo y el caldo la lleva. En todo caso, probar al final y añadir si la necesita.

Bajamos el fuego, tapamos la cazuela y dejamos cocer de 45 minutos a 1 hora aproximadamente.
Lo vigilamos en todo momento.

Cuando el pollo esté tierno añadimos los pimientos y una cucharadita de canela, meneamos la cazuela para que se reparta bien la canela.
Dejamos a fuego medio y destapado para que reduzca la salsa, vigilando en todo momento para que no se pegue.

Según la cantidad de salsa tardará más o menos. A mí me gusta que haya bastante y esté melosa, porque así se puede mojar más pan, a gusto de cada uno.

Retiramos del fuego, tapamos la cazuela y dejamos reposar unos diez minutos.

¡¡Una auténtica delicia, el toque de canela..., ummm, es para morirse!!

¡¡Si no lo han hecho nunca están tardando!!

¡¡¡A disfrutarlo!!!

Bundt cake de chocolate y café con salsa de frutos rojos

Cómo disfruto con estos bizcochos, no hay uno que no me guste, esa humedad que mantienen en su interior me pirra y como siempre digo, según pasan los días está mejor, cosa que no pasa con un bizcocho común.

Nada más ver este bundt cake, sabía que no tardaría mucho en hacerlo, porque todos los ingredientes que lleva suelo tenerlos en casa y la combinación chocolate-café es fabulosa.

Si no les gusta el café en los postres no se preocupen, porque aporta un toque tan sutil que apenas se aprecia, pero marca una diferencia con respecto al bundt cake de chocolate que ya tengo publicado y que es mi bizcocho de cabecera en cualquier reunión, ya que el café potencia el sabor del chocolate y le aporta más jugosidad.
La salsa de frutos rojos es la guinda para este bizcocho, es más diría que lo eleva a una categoría superior porque la combinación del chocolate intenso con la acidez de los frutos rojos es el complemento perfecto.

Es ideal para compartir con nuestros invitados y el momento en que vertemos nuestra salsa sobre el bizcocho ya es la bomba, además de resultar de lo más atractivo.

¡¡Sin más vamos con la receta!!

Fuente: Cook the cake
Ingredientes:
  • 225 gr de mantequilla pomada
  • 300 gr de harina
  • 100 gr de cacao en polvo (tipo Valor)
  • 1 cucharadita de polvos de hornear (tipo Royal)
  • Una pizca de sal
  • 15 gr de café expresso instantáneo (yo usé tres cápsulas de café expresso con sabor vainilla, unos 120 ml)
  • 125 ml de leche
  • 125 ml de nata fresca (35% materia grasa)
  • 1 cucharadita de pasta de vainilla
  • 350 gr de azúcar caster o normal
  • 4 huevos L
Para la salsa de frutos rojos:
  • 300 gr de frutas del bosque (yo usé un mix de frutas congeladas que incluye arándanos rojos, grosellas, fresas y frambuesas)
  • 4 cucharadas de azúcar
  • 1 cucharadita de maizena + un poco de agua
Comenzamos pesando la mantequilla y cortamos en tacos para que ablande más rápido.

Pesamos el resto de ingredientes y disponemos todos en la encimera, así a la hora de ir incorporando es mucho más rápido. Hacemos el café, pesamos y dejamos enfriando. Ponemos en un bol los huevos y los batimos ligeramente.

El momento molde nos lo tenemos que tomar con tranquilidad, aunque esté lavado, siempre repaso todas las hendiduras con un paño limpio ligeramente humedecido, ya que es importante que no tenga ningún resto de grasa del uso anterior. Para lavar el molde les recomiendo que lo llenen con agua caliente y jabón y dejar reposar un buen rato. Luego limpiar con esponja suave para no rallarlo y volver a repetir la operación. Si notan algún resto de grasa, pulverizar con un antigrasa y lavar inmediatamente con agua y jabón. Secar bien y guardar protegido para evitar roces.
Engrasamos el molde con mantequilla derretida o spray y con ayuda de un pincel llegamos a todos los recovecos del molde y pincelamos en sentido ascendente para ayudar a que suba nuestro bizcocho.

Precalentamos el horno a 180º.

En un bol tamizamos la harina, el cacao, los polvos de hornear y la sal. Reservamos.

En otro bol, mezclamos el café con la leche, la nata y la vainilla. Reservamos.

Batimos la mantequilla con el azúcar hasta que blanquee y obtengamos una crema suave. Unos tres minutos a velocidad máxima. Yo lo hago con la pala en la kitchenaid.
Los huevos se incorporan uno a uno, no se incorpora el siguiente hasta que el anterior esté completamente integrado, por ello los suelo batir e incorporar de tantas veces como huevos lleve la receta, en este caso de cuatro veces.

Seguimos a velocidad baja y comenzamos añadiendo primero una tercera parte de la mezcla de harina y luego la mitad de los líquidos, así sucesivamente, alternando unos y otros de tal manera que empecemos y terminemos con la harina.

Vertemos la mezcla en el molde, siempre dejamos caer en un lateral y que ella sola se vaya acomodando por todo el molde. A continuación hundimos la espátula en la masa por distintos sitios, aplanamos la superficie y damos unos golpes al molde sobre un paño para asegurarnos que la masa esté bien repartida y no queden burbujas.
Colocamos el molde en el centro del horno, sobre una rejilla. Horneamos unos 50º minutos o hasta que al insertar una brocheta salga limpia. Como cada horno es un mundo, si se diera el caso que la superficie se dora antes de terminar el horneado, colocar un trozo de papel de aluminio por encima y continuar horneando.

Los últimos minutos son fundamentales, porque en ese momento pasa de estar todavía un poco húmedo a estar seco en casi nada.

Una vez la brocheta salga limpia, sin ningún resto, sacamos el molde del horno y lo colocamos sobre una rejilla durante diez minutos exactos, ayúdense de un temporizador, porque no es la primera vez que se me olvida en la encimera, es lo que tiene hacer tantas cosas a la misma vez.


Transcurrido el tiempo, con unas manoplas para no quemarnos, levantamos el molde y hacemos movimientos muyyy suaves de izquierda a derecha, además golpeamos el molde con suavidad sobre un paño (para que no se estropee el molde) para ayudar a que se desprenda del fondo y damos ligeras sacudidas de arriba a abajo, yo suelo acercar el oído y se nota cuando está desprendido. Ponemos una rejilla sobre el molde, volteamos y no cruzo los dedos porque los tengo ocupados, pero invoco a todo lo que esté por ahí arriba para que se desprenda perfectamente. Normalmente desmoldan genial, pero siempre hay una dichosa vez que no lo hace y me pone furiosa. Estos moldes son tan bonitos, que si después del curro, se queda un trozo pegado dentro del molde, te dan ganas de morder a alguien y cuando salen perfectos das saltitos de alegría.

Dejamos enfriar completamente sobre una rejilla. Estos bizcochos acabados de hacer están muy tiernos, por lo que si los cortamos en caliente se nos desmigaja con facilidad.

Como siempre digo y no me canso de hacerlo, están mejor al día siguiente, el bizcocho se ha asentado y los sabores son más intensos.
Mientras se enfría el bizcocho, preparamos la salsa.

Disolvemos la maizena en un poco de agua.
Ponemos las frutas sin descongelar (en mi caso) en un cazo, agregamos el azúcar y ponemos a fuego medio, removiendo constantemente. Agregamos el agua con la maizena y seguimos removiendo. A medida que van ablandado yo las aplasto con el dorso de la cuchara, dejando alguna más entera que otra. Dejamos cociendo hasta que la salsa haya espesado un poco. Retiramos del fuego y reservamos.

Verter sobre el bizcocho o como he hecho yo, añadir a la porción de bizcocho que vas a tomar. Esta salsa cunde bastante, por lo que puedes congelar la que no vas a utilizar. En cualquier caso dura varios días en la nevera perfectamente. Aconsejo hacer de más para que sobre, porque es el acompañamiento ideal de un helado, tortitas o lo que se les ocurra.

Sin duda es un bizcocho delicioso, con un sabor potente y la compañía de la salsa le viene de perlas, hacen un dúo perfecto y cada bocado es un lujo.

¡¡A disfrutarlo!!

Macarrones gratinados en salsa de chiles

Si la pasta resulta deliciosa con cualquier salsa que le pongamos, les aseguro que con esta sube de categoría, además, al gratinarlos, con queso o sin él, estos macarrones son una auténtica exquisitez.

Los hicimos una vez y tanto nos gustó que teníamos que repetirlos para que quedaran en el blog. Son muy sencillos de hacer y ya les digo que se chuparán los dedos.

En cuanto al picante, lo pueden adaptar al gusto, sustituyendo los chiles por pimientos choriceros, pero si les gusta el picante en su justa medida estos chiles son perfectos, pican un poco, pero le aportan un toque ahumado y un color a la salsa que es una maravilla.

¡¡No dejen de hacerlos porque les van a encantar!!

Ingredientes para 2 personas:
  • 200 gr de macarrones
  • 4 tomates maduros rallados
  • 2 Chiles ancho y 2 chipotles (4-5 pimientos choriceros en su defecto)
  • Sal gruesa
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Orégano
  • Bechamel
  • Queso (al gusto)
Con antelación ponemos de remojo los chiles o en su defecto los pimientos para que se vayan hidratando.

Rallamos los tomates y pasamos a una sartén con un poco de aceite de oliva y sal, cocinamos hasta que veamos que el tomate esté reducido y se haga una salsa, unos 15-20 minutos a fuego bajo, removiendo de vez en cuando.

Retiramos los chiles o pimientos del agua, abrimos y quitamos las semillas y los tallos. Doramos en una sartén limpia sin aceite, unos segundos de cada lado para potenciar el sabor.
Ponemos los chiles o pimientos con un chorrito de aceite en un vaso para triturar, una vez esté medio triturado agregamos la salsa de tomate y seguimos batiendo hasta que se unifique. Reservamos.

Preparamos la bechamel tal y como se indica en la receta del enlace, dejándola más ligera de lo que habitualmente la hacemos para croquetas, por lo que añadiremos un poco más de leche, también una vez añadida la salsa de tomates y chiles o pimientos se aligerará.

Mientras tanto, ponemos agua en una cazuela, recuerden que con la cazuela tapada se acorta el tiempo, una vez rompa a hervir añadimos un poco de sal gruesa, agregamos los macarrones y cocemos siguiendo las instrucciones del fabricante, coordinando para que estén listos casi al mismo tiempo que la bechamel.

Agregamos la salsa de tomates y chiles o pimientos a la bechamel y mezclamos bien.
Escurrimos la pasta y reservamos un poco de agua de la cocción por si es necesaria. Mezclamos la bechamel con la pasta, si vemos que la unión está bien no es necesario añadir agua, si la vemos espesa, añadimos un poco del agua reservada de la cocción.

Distribuimos la pasta en dos fuentes de horno. Añadimos queso o no, como es mi caso, un poco de orégano y un chorrito de aceite de oliva virgen.

Si los preparan con antelación, en este momento pueden tapar las fuentes con film y reservar hasta el momento de hornear, en caso de tomarlos sobre la marcha, precalentamos el horno a 180º, sólo con la función gratinador o calor sólo arriba, introducimos las fuentes y gratinamos durante unos minutos hasta que veamos que se ha derretido el queso y si no lo lleva hasta que veamos que la bechamel se ha tostado ligeramente.
Colocamos las fuentes sobre una tabla o protector con cuidado de no quemarse y listos, eso sí, esperen unos minutos para poder hincarles el diente y no quemarse.

¡¡Ricos y sabrosos es decir poco, están de buenos hasta decir basta, no pueden perdérselos, han sido un gran descubrimiento!!

¡¡¡A disfrutarlos!!!
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