Croquetas de Ibérico


Siempre había pensado que hechas unas croquetas, hechas todas, porque la única diferencia que había entre ellas era el ingrediente principal. Hago croquetas de casi todo y no me gusta tener en el blog 20 recetas de croquetas en las que todos los pasos son iguales y sólo cambia el ingrediente principal.
Pueden ver en el blog la receta de croquetas de espinacas y langostinos, que es la única que tenía hasta hoy y verán cómo las preparo habitualmente.
Pero no, no todas son iguales y para muestra las que les traigo hoy.
A estas alturas, ya conocerán las archiconocidas croquetas de Alberto Chicote y si, son diferentes en su elaboración, por lo menos en la elaboración que yo conozco.

Siempre las he preparado partiendo de un base de cebolla a la que incorporo el ingrediente elegido, sazono, hago una bechamel y mezclo ambas cosas.

Una de las principales cosas que me ha sorprendido de esta receta es la incorporación de la nata, ingrediente que nunca he utilizado en las croquetas.

Además, a diferencia de las que hago habitualmente, todo se prepara junto, en la misma fritura se prepara la bechamel, otra cosa que no suelo hacer.

Por lo que mi teoría inicial de que hechas unas, hechas todas, se viene abajo con todo el equipaje.
Es un engorro hacer croquetas, tardas una vida y terminas con tantos cacharros para fregar que siempre te dices que pasará tiempo antes de volver a hacerlas, pero es que están tan buenas que se te olvida pronto y vuelves a la carga.

Si aún no han probado estas croquetas se las recomiendo absolutamente. El infusionar la leche y la nata con el hueso de jamón les aporta un sabor más potente y el resultado es una masa suave y a la vez fácil de trabajar.

Aprovecho esta receta de Chicote, para participar en el reto de Cooking the Chef, en la repesca que nos han preparado Mon y Aisha para el verano y como me perdí el reto de Chicote, esta receta me viene que ni pintada.

Sin más, vamos a la receta.

Fuente: Y sigo en la cocina

Ingredientes:

  • 670 gr de leche entera
  • 330 gr de nata
  • 1 hueso de jamón
  • 100 gr de jamón ibérico
  • 165 gr de cebolla
  • 55 gr de mantequilla sin sal
  • 45 gr de aceite de oliva virgen extra
  • 95 gr de harina simple
  • Sal
  • Nuez Moscada recién molida
  • Pimienta blanca (yo uso pimienta negra recién molida)
Para el rebozado:
  • 2 huevos
  • Pan rallado
Comenzamos pesando todos los ingredientes, si, todos pesados, incluso los líquidos.

Ponemos al fuego un cazo con la leche, la nata y el hueso de jamón, una vez rompa a hervir, bajamos el fuego al mínimo y dejamos infusionando durante 20 minutos. Pasado este tiempo, apagamos el fuego y reservamos.
Picamos primero la cebolla y luego el jamón lo más pequeño que podamos, reservamos por separado.

En una sartén fundimos la mantequilla, desde que esté derretida añadimos el aceite y desde que alcance temperatura, agregamos la cebolla y sofreímos. Cuando esté transparente, añadimos el jamón picado, rehogamos con la cebolla e incorporamos la harina, mezclamos bien con el resto y removemos constantemente durante 10 minutos.

Colamos la leche y la nata y la vamos añadiendo poco a poco a la sartén a la misma vez que removemos sin parar para evitar la formación de grumos. Una vez añadido todo el líquido, continuamos removiendo durante 10 minutos más.

Añadimos la sal, pimienta y nuez moscada al gusto.
Pasamos la masa a una fuente plana, cubrimos con film transparente y una vez fría la dejamos en la nevera hasta el día siguiente, para que la masa quede firme y sea más fácil de trabajar.

Mi manera de rebozarlas es la siguiente. Disponemos dos fuentes, una con el huevo bien batido y la otra con el pan rallado. Una vez dada la forma deseada, con las manos o con la ayuda de dos cucharas, las pasamos por el huevo batido y luego por el pan rallado.

Otra manera de rebozarlas es hacerles un doble rebozado para que queden más crujientes, para ello, primero las pasamos por el pan rallado, luego por el huevo batido y de nuevo por el pan rallado.

Otra opción es pasarlas primero por harina, retirar el exceso, pasar por el huevo batido y luego por el pan rallado.

Cada uno que use la que más le guste.
A la hora de freírlas es conveniente que estén a temperatura ambiente, para ello las sacamos de la nevera un rato antes para evitar que con el contraste del aceite caliente se nos revienten.

La mejor manera de freírlas, tanto en este caso que las tenemos recién hechas, como si las tenemos congeladas, es freírlas en un cazo pequeño, con bastante aceite, en tandas de dos en dos como mucho para que el aceite no pierda temperatura durante el proceso.

Una vez fritas las pasamos a una fuente con papel absorbente y listas para emplatar.

Les encantarán, la textura de la masa es perfecta, muy suave, sin quedar demasiado líquida, con un sabor intenso a jamón, a cada mordisco querrán más. Ya he adoptado esta receta y se queda con nosotros para siempre.

A disfrutarlas!!!

Muffins de manzana y nueces con streusel

Ya saben cuanto me gustan los muffins. Se han convertido en un clásico en casa y no hay vez que los prepare que no me digan que son una auténtica maravilla, se preparan en un momento y se hornean bien rápido.
Pueden variar el ingrediente principal por el que más les guste o añadir otros según la ocasión, lo que sí les digo es que siempre quedan deliciosos. Esta es una de las versiones de muffins y la otra es la que pueden encontrar en estos maravillosos mufffins de jengibre, son las dos recetas que utilizo si los quiero con streusel o no, para mí las mejores de las mejores.

En esta ocasión los he hecho de manzana y nueces con una cubierta de streussel, esa miga tan rica que al hornear queda ultra crujiente. El toque de canela junto con la manzana y las nueces es una ricura.

Vamos a por ellos, ya verán lo poco que duran en casa.

Ingredientes para 12 muffins:

  • 390 gr de harina simple
  • 200 gr de azúcar blanquilla
  • 1 cucharada de polvos de hornear (tipo Royal)
  • 1/2 cucharadita de sal fina
  • 1 cucharada de canela
  • 100 gr de nueces picadas
  • Ralladura de un limón
  • 200 gr de manzana rallada gruesa
  • 2 huevos L
  • 240 ml de leche
  • 113 gr de mantequilla sin sal fría y cortada en cubos
  • 28 gr de mantequilla sin sal derretida
  • 1 cucharada de pasta de vainilla o 2 cucharaditas de extracto de vainilla
Precalentamos el horno a 180º. Calor arriba y abajo.
Colocamos las cápsulas de papel en la bandeja para muffins o en vasos metálicos individuales.
Pesamos todos los ingredientes por separado. Deben estar todos a temperatura ambiente a excepción de la mantequilla troceada que reservamos en la nevera hasta el momento de utilizar.
En un bol grande ponemos todos los ingredientes secos: harina, azúcar, polvos de hornear, sal, canela, ralladura de limón, mezclamos con unas varillas para que se integren bien todos los ingredientes. Añadimos la mantequilla troceada bien fría y con las manos o con la ayuda de dos cuchillos mezclamos la mantequilla con el resto de ingredientes hasta que consigamos unas migas gruesas. De esta mezcla apartamos una taza (240 gr) que utilizaremos para la cobertura.
Añadimos al resto de la masa la manzana ya rallada, a la que le retiramos el exceso de agua que pueda tener, las nueces y mezclamos.
En otro bol, ponemos los ingredientes líquidos: el huevo, la leche, la mantequilla derretida, la vainilla y batimos ligeramente.
Hacemos un hueco en el centro de los ingredientes secos y volcamos los ingredientes líquidos. Con ayuda de una espátula de silicona y movimientos envolventes los vamos integrando. Muy importante, no batir y como máximo le daremos quince movimientos, hay que contarlos, no importa que quede un poco de harina sin integrar, esto es fundamental porque si no los muffins quedarán apelmazados, no  esponjosos que es lo que queremos.
Con ayuda de una cuchara para helados, llenamos cada cápsula hasta unos 3/4 partes de su capacidad.
Distribuimos por encima de los muffins la mezcla que teníamos reservada.
Colocamos la bandeja en la parte central del horno y hornearemos durante unos 18-20 minutos aproximadamente o hasta que al insertar un palillo salga limpio.
Cuando quedan menos de cinco minutos suelo subirlos a la parte superior del horno para que la cobertura quede más dorada.
Una vez listos los sacamos de la bandeja y los dejamos enfriar sobre una rejilla.
Ya verán que maravilla, no podrán comer sólo uno, son deliciosos, con esa cobertura crujiente, un interior esponjoso y con una jugosidad increíble.
Una joyita que no pueden perderse!!!
A disfrutarlos!!!

Polos de chocolate super cremosos


Con esta receta estreno la nueva imagen del blog, como siempre Mai ha hecho uso de su creatividad y con ese arte que tiene le ha dado otro aire, más limpio, más amplio y el resultado salta a la vista, estoy más que feliz con el cambio.

Este verano me ha dado fuerte con los polos, mira que son fáciles de hacer, en un momento los tienes en el congelador y sólo hay que esperar unas horas a que tomen cuerpo para poder tomarlos.
Después de haber probado los de frutas, quería hacerlos de chocolate, mi gran pasión.
No puedo evitarlo, es algo innato que me viene de familia, mi padre no terminaba de comer si no tomaba una pasta de chocolate y todos en casa pecamos de lo mismo.
Hay cientos de polos de chocolate por la red, pero después de probar varias recetas, me quedo con esta sin lugar a dudas, me ha enamorado absolutamente, no sólo por lo rápido que se prepara, sino por la cremosidad y el sabor que tiene. ¡¡Es pura golosina!! ¡¡Ayyyy, qué descubrimiento tan peligroso!!

Vamos con la receta, ya verán que fácil y rápido se hacen:

Fuente: The Sweetest Taste-Receta de Martha Stewart

Ingredientes para 10 polos:
  • 2 cucharadas de maicena
  • 355 ml de leche (preferiblemente entera)
  • 315 ml de nata líquida (35% materia grasa como mínimo)
  • 55 gr de cacao en polvo sin azúcar (Valor en mi caso)
  • 95 gr de azúcar
  • Una pizca de sal
  • 2 cucharaditas de vainilla en pasta (o 1 cucharada de extracto de vainilla)
Comenzamos mezclando la maicena con un poco de leche hasta que se disuelva por completo. Por otro lado ponemos en un cazo todos los ingredientes ya pesados y añadimos la mezcla de leche con maicena, excepto la vainilla que la añadiremos casi al final.
Ponemos a fuego medio y sin dejar de remover llevamos a ebullición, tardará un ratito, así que tengan un poco de paciencia hasta que vean aparecer unas burbujas. En ese momento, añadimos la vainilla, removemos bien para integrar y retiramos del fuego. Dejamos enfriar completamente a temperatura ambiente. Yo la tapo con un plato o film, más que nada para que no le caiga nada durante el tiempo que está enfriando.
Una vez la crema esté completamente fría, la batimos bien rápido con unas varillas porque se habrá formado una costra en la superficie. Cuando veamos que la crema está completamente ligada y sin grumos, la pasamos a la polera o recipiente elegido.

Como he dicho en anteriores recetas de polos, no es esencial tener una polera, quedan chulos con esta forma, pero perfectamente se pueden hacer en vasos, tanto de plástico, metálicos o de cristal. Lo importante es el contenido.
Llevamos al congelador y aunque la receta que he seguido aconseja enfriar 6 horas, he comprobado que a partir de las 3 horas ya están compactos. Para desmoldar, poner la polera o el recipiente elegido de lado bajo el grifo, con agua templada-caliente, con cuidado que no entre agua al polo y se desmoldará con facilidad.

Ya desde el momento que se desmolda se puede apreciar que es un polo compacto, con una textura muy cremosa y al primer bocado mueres de amor.
¡¡Qué cosa más rica por favor!! ¡¡Super cremosos, con ese potente sabor a chocolate, totalmente adictivos!!

¡¡Sin duda, el perfecto polo de chocolate!! No había probado cosa igual, ni siquiera aquellos polos cremosos de chocolate que hemos tomado durante nuestra infancia le llegan a la suela de los zapatos y lo mejor de todo es que son caseros, una vez los prueben estarán perdidos como yo.

Otros polos en el blog:

Polos de mango         
Polos de melón cantaloupe
                                                   
A disfrutarlos!!!
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